Un vehículo que ha estado parado durante un período prolongado supone un reto a la hora de volver a ponerlo en servicio. Ya sea un conductor ocasional que pasó el invierno en un garaje, una unidad de flota que estuvo aparcada durante un período de baja actividad o un vehículo de cliente que estuvo parado mucho más tiempo del previsto, la batería que sale del almacenamiento a largo plazo rara vez está en el mismo estado que cuando el vehículo se guardó.
La cuestión no es solo si la batería arrancará el coche. La verdadera pregunta es en qué estado se encuentra y qué necesita antes de que el vehículo vuelva a utilizarse con normalidad. La respuesta comienza por saber qué le ocurre a una batería de 12 V cuando permanece inactiva.
¿Qué le sucede a una batería de 12 V durante el almacenamiento?
Las baterías de plomo-ácido no permanecen inactivas mientras el vehículo está estacionado. Incluso sin una carga eléctrica activa, se autodescargan debido a la temperatura, la antigüedad de la batería y el tipo de composición química. Una batería de plomo-ácido con electrolito líquido completamente cargada, dejada a temperatura ambiente, puede perder un porcentaje significativo de su carga cada mes. A temperaturas más frías, esta tasa disminuye ligeramente, pero la química continúa deteriorándose.
La mayor amenaza es la sulfatación. Cuando una batería de plomo-ácido permanece descargada o parcialmente descargada durante un tiempo prolongado, comienzan a formarse cristales de sulfato de plomo en las placas. La sulfatación en su etapa inicial es reversible con una carga adecuada. Si se deja pasar demasiado tiempo, estos cristales se endurecen y se vuelven permanentes, reduciendo la capacidad de la batería y su capacidad para aceptar carga. Una batería que aparentemente se está cargando puede estar ocultando daños internos que no se manifestarán hasta que el vehículo esté sometido a una demanda eléctrica real.
Las baterías AGM, comunes en vehículos modernos con sistema de arranque y parada automáticos y en aplicaciones de gama alta, toleran mejor el almacenamiento que las baterías de electrolito líquido, pero no son inmunes a estos efectos. Se autodescargan más lentamente, pero también son más sensibles a las descargas profundas y pueden sufrir una pérdida permanente de capacidad si se dejan con una carga baja durante demasiado tiempo.
Los pasos correctos antes de volver a ponerlo en servicio
Cuando un vehículo sale del almacenamiento, una simple comprobación del voltaje de la batería no es suficiente. Una lectura de voltaje en reposo puede parecer correcta, aunque la batería esté dañada. Un diagnóstico completo revela la verdadera situación. Antes de volver a poner en servicio cualquier vehículo almacenado, la batería necesita:
- Una evaluación del estado de carga para determinar si necesita una recarga completa antes de realizar la prueba.
- Una prueba de conductancia para evaluar el estado real de la batería, no solo su voltaje superficial.
- Una comprobación del sistema de carga para confirmar que el alternador está recargando correctamente la batería una vez que el vehículo está en marcha.
- Inspección visual de terminales y conexiones de cables para detectar acumulación de corrosión que pueda haberse desarrollado durante el período de almacenamiento.
- Verificación de que cualquier consumo parásito de módulos, relojes o sistemas de seguridad no haya reducido la batería por debajo de un umbral seguro.
El orden de los pasos es crucial. Probar una batería muy descargada sin antes cargarla adecuadamente suele dar resultados inexactos, sobre todo con equipos básicos. Es necesario cargar la batería antes de realizar una prueba de conductancia para evaluar su estado con precisión. Omitir este paso es uno de los errores más comunes al evaluar vehículos almacenados, y conlleva que se aprueben baterías que deberían considerarse en mal estado o reemplazarse antes de que provoquen fallos de arranque en el futuro.
El papel de la temperatura en lo que encuentras
La temperatura de almacenamiento influye directamente en el estado del vehículo al ser devuelto. Las baterías almacenadas en ambientes fríos presentan una capacidad reducida en la primera inspección, la cual puede normalizarse a medida que se calientan. Sin embargo, el frío también ralentiza las reacciones químicas que aceleran la sulfatación. Las baterías almacenadas en ambientes cálidos presentan un problema diferente: el calor acelera la autodescarga y puede provocar una corrosión acelerada de la rejilla interna, acortando su vida útil incluso si el período de almacenamiento fue relativamente corto.
Una batería que pasó el verano en un garaje caluroso o meses en un edificio sin calefacción en un clima frío debe probarse teniendo en cuenta esas condiciones. Los resultados de las pruebas deben interpretarse junto con el contexto de almacenamiento, no de forma aislada. Es poco probable que una batería que presenta un rendimiento deficiente después de un verano caluroso de almacenamiento recupere un funcionamiento fiable, y esta conversación con el cliente o el gestor de la flota es mucho más sencilla cuando se basa en datos de diagnóstico que en una simple intuición.
Vehículos eléctricos y almacenamiento a largo plazo: un conjunto diferente de preocupaciones
Los vehículos eléctricos almacenados a largo plazo requieren consideraciones específicas sobre la batería, que funcionan en dos niveles. La batería de tracción de alto voltaje tiene rangos de carga recomendados para su almacenamiento, generalmente entre el 20 % y el 80 %, según el fabricante. Dejarla fuera de esos parámetros durante períodos prolongados puede acelerar su degradación de maneras que no siempre son inmediatamente visibles para el conductor.
Sin embargo, la batería auxiliar de 12 V de un vehículo eléctrico es tan vulnerable a la descarga durante el almacenamiento como la de cualquier vehículo convencional, y en muchos casos, su fallo puede tener consecuencias más graves. Sin una batería de 12 V en buen estado, los sistemas del vehículo no pueden activarse, los contactores de alta tensión no pueden cerrarse y el coche no arrancará, independientemente de la energía que quede en la batería de tracción. Los operadores de flotas y los concesionarios que almacenan vehículos eléctricos durante periodos de baja demanda deberían prestar la misma atención a la monitorización de la batería de 12 V que a la de cualquier otro vehículo en almacenamiento.
Incorporándolo a tu proceso
La evaluación de baterías de almacenamiento a largo plazo no debería ser una tarea reactiva. Los concesionarios que gestionan inventario antiguo, los gestores de flotas que reactivan equipos de temporada y los asesores de servicio que preparan los vehículos de los clientes para su devolución tras un almacenamiento prolongado se benefician de un proceso estandarizado que considera el estado de la batería como un paso fundamental, no como algo secundario. El coste de un diagnóstico adecuado es insignificante comparado con una grúa, una devolución o un fallo de arranque que daña la confianza del cliente.
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