Las baterías de los vehículos de transporte compartido y de flotas pueden estar expuestas a un entorno más hostil que las de los vehículos particulares, lo que aumenta las probabilidades de fallo prematuro. El alto kilometraje influye, pero también lo hacen los arranques frecuentes, el uso de accesorios, los equipos de comunicación y los ciclos de trabajo exigentes.



